El nuevo desafío de Inkafarma, por Rolando Arellano

Presidente de Arellano Marketing y profesor de Centrum Católica

Presidente de Arellano Marketing y profesor de Centrum Católica

29 de enero de 2018

En la compra de Mifarma por Inkafarma, más allá de la discusión sobre si es adecuado o no que una empresa tenga muy alta participación en un mercado, merece que también se analicen las oportunidades y dificultades que trae para esta tener una situación preponderante.

¿Es interesante ser el más grande? Sí, porque serlo trae economías de escala importantes, pues, por ejemplo, si un gerente puede dirigir 200 farmacias, también podría hacerlo con 300 o más. De la misma manera la empresa grande puede obtener mejores precios de sus proveedores locales, medicinas o publicidad, pues no se paga igual al comprar por unidad que por docenas. Pero si diversos estudios muestran que generalmente las empresas líderes de un mercado son las más rentables, no necesariamente el tamaño va correlacionado con el éxito. Así después de las grandes, siguen en rentabilidad las pequeñas, que logran márgenes amplios al vender productos especiales. Las de menor rentabilidad son más bien las empresas intermedias, pues no tienen la fuerza de las grandes, ni los altos precios de los chicos. Y es por ello que generalmente son estas las compradas, y vendidas.

Pero ser mayoritario trae también desventajas. Una de ellas, es que una posición de fuerza puede dar al personal un sentimiento de comodidad que las inmoviliza, pues al no haber competidores importantes no se genera la adrenalina necesaria para innovar y crecer. Otro aspecto crítico es que un mercado demasiado concentrado atrae a más competidores grandes. Ello porque es más fácil atacar a una sola marca grande que a 4 marcas medianas, mejor aún si esa grande descuida a sus clientes por la comodidad de su posición. No sorprendería por ello ver pronto aquí algún otro jugador internacional farmacéutico de importancia.

Y quizá el mayor problema es que la empresa grande se convierte en el símbolo de la industria y por lo tanto en el centro de atención del público y de los organismos de control. Cualquier desliz de precios, maltrato a competidores o defecto de producto, será puesto en evidencia y criticado en las hoy omnipresentes redes sociales. Y las críticas serán seguidas por intervenciones de autoridades y reguladores implacables, pues como en las antiguas películas del Oeste, todos quieren ganarle al tirador más rápido.

En fin, sin duda la nueva situación de fuerza de Inkafarma le dará más rentabilidad debido a eficiencias y economías de escala, y hará de ella una empresa peruana más sólida y competitiva. Pero eso solamente será sostenible si usa esa situación de manera absolutamente escrupulosa y en beneficio del mercado para evitar el abuso de posición de dominio que la ley prohíbe, y que podría acarrearle inmensos problemas.

Columna publicada en la edición impresa y digital de nuestro diario El Comercio.